Por: Fernando Belaunzarán.- Las elecciones del 5 de junio sacudieron el escenario político rumbo a la sucesión presidencial. Las alianzas amplias PAN-PRD demostraron que pueden vencer al PRI en sus bastiones, lo que prendió la alarma no sólo en ese partido sino también en Andrés Manuel López Obrador, quien hasta hace poco pensaba llegar al 2018 como la única alternativa al oficialismo. Eso explica los movimientos en el nuevo tablero: Enrique Ochoa como presidente del priismo, el perdón de Peña Nieto por la Casa Blanca y el reciclado discurso conciliador de AMLO, el cual había guardado tras los resultados electorales del 2012.
Si el PRI parece apostar por la explícita autocrítica, la renovación y el intento que suena a misión imposible de quitarse la identidad que tienen con la corrupción y la impunidad en la percepción ciudadana, entendiendo tardíamente que el hartazgo social es expresión de la crisis de ética pública, escalada desde la revelación de la Casa Blanca, López Obrador da un fuerte bandazo y pretende presentarse como factor de estabilidad, gobernabilidad y entendimiento, llamando al diálogo y la conciliación. No está demás recordar que por hacer eso mismo al principio del sexenio y firmar el Pacto por México, Andrés Manuel acusó al PRD de “traicionar a la patria”.
López Obrador se dio cuenta de que no puede ganar solo y que las alianzas amplias resultaron eficaces para expresar el malestar ciudadano con el estado de las cosas, es decir, que no es verdad que él sea el único que puede representar el extendido ánimo antisistémico. Por eso es que comparte la misma pesadilla del PRI y el gobierno federal contra las coaliciones opositoras centroderecha-centroizquierda y tiene apremio por evitar que se repliquen en 2017, pues su éxito, sobre todo en el Estado de México, significaría un fuerte impulso a la construcción del Frente Amplio Opositor, el cual tendría muchas posibilidades de ganar la presidencia.
Eso explica que AMLO haya rectificado antes de lo que esperaba, pasando de su afirmación de que con elPRD no iría “ni a la esquina” a admitir la posibilidad de ir con éste en alianza el próximo año y en 2018, buscando además incidir, sin éxito, a favor en la elección de un presidente antialiancista para sustituir a Agustín Basave. Pero su tránsito repentino a la moderación no tiene que ver únicamente con el miedo a las alianzas amplias, también con el escalamiento del conflicto magisterial después de los muertos en Nochixtlán.
Hasta hace muy poco, Andrés Manuel insistía en la abrogación de la reforma educativa. Incluso este año promovió alianzas electorales con la CNTE y se comprometió en campaña, suscribiendo acuerdos públicos junto a sus candidatos a gobernador con la disidencia magisterial (21 de marzo en Oaxaca y 30 de de abril en Veracruz), a luchar “ante los tres poderes de la Unión por la cancelación de la mal llamada reforma educativa”. Pues a pesar de su firma estampada ya cambió de opinión y ahora sólo está por hacerle algunas modificaciones, limando las “aristas punitivas” a la evaluación.
Para entender este cambio brusco ayudaría hacer una breve cronología del último mes y tener presente que a AMLO le resultaba indispensable reducir y deslindarse de la violencia generada por el conflicto, en virtud de que su alianza con la CNTE estaba afectando su imagen. Nada afectaría más sus aspiraciones presidenciales que ser vinculado con actos violentos que exhiben y alientan inestabilidad en el país. Ante ese riesgo, repitió una vieja jugada audaz: volverse amoroso. Veamos:
-19 de junio. Desastroso operativo de la Policía Federal que, tras negarlo, acepta haber disparado armas de fuego. Al menos 9 muertos y más de 100 heridos.
-26 de junio. Morena hace un mitin en la CDMX donde AMLO habla de cambiar a México “por la ruta de la concordia, del amor y de la reconciliación”, llama a Peña Nieto a preparar una “transición ordenada y pacífica”, reafirma su compromiso con “la no violencia” y reivindica el “diálogo” con el gobierno. Pide la renuncia de Miguel Ángel Osorio Chong por ser responsable de la “represión” en Nochixtlán y todavía habla de “formular una verdadera reforma educativa”
-1º de julio. Miguel Ángel Osorio Chong lanza un ultimátum que no cumpliría para liberar carreteras: “El tiempo se ha agotado”.
-6 de julio. SNTE y SEP negocian para corregir “las fallas e insuficiencias” en la aplicación de la evaluación docente y revertir afectaciones al salario.
-7 de julio. AMLO celebra negociación SNTE-SEP, aunque la CNTE la descalifica. Andrés Manuelescribe en twitter: “Se sumó el SNTE a la CNTE. Pide eliminar evaluación punitiva. Vale más tarde que nunca. Urge revisar en el Congreso la reforma educativa”
-14 de julio. Ciro Gómez Leyva entrevista a López Obrador. Éste ya no pide la renuncia de nadie, habla de que la reforma educativa “no se puede derogar”, pues sería “la claudicación del gobierno” y “no se trata de jugar vencidas” con éste; que si “se le vence por completo a Peña no va haber estabilidad ni gobierno” y hay que “serenar al país”; que lo que se debe hacer es sólo modificar la reforma para quitarle las “aristas más dañinas” y haya una “evaluación pedagógica”. Además, demandó la libertad de los líderes de la CNTE detenidos
-16 de julio. Salen libres dos líderes de la CNTE. Ariel Sibaja, ex tesorero de la Sección 22, y Roberto Abel Jiménez
Hace menos de un año, AMLO todavía pedía la renuncia de Enrique Peña Nieto (nota de Alfredo Valadez, Zacatecas, La Jornada, 14 de agosto de 2015). Ahora dice que no sólo no lo quiere debilitar sino que incluso se preocupa porque éste tenga gobernabilidad. Está a un tris de pedir otro Pacto por México para garantizar una “transición pacífica y ordenada”, aunque demande al PRD deslindarse de la “mafia en el poder” para que puedan aspirar al goce de su perdón. Pero al margen de sus piruetas es innegable que existe un acuerdo político, pues Andrés Manuel es alguien muy experimentado como para abandonar a los maestros disidentes en su demanda principal sin contar con garantías de medidas que abonen a la distensión del conflicto.
El secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pagó un costo público alto por emplazar a levantar los bloqueos y luego quedarse pasmado. Muchos explicaron ese ridículo por temor a que el uso de la fuerza pública reprodujera sucesos como los de Nochixtlán. Seguro hay algo de eso, pero también es evidente que se abrió una ruta discreta de negociación para atender la molestia extendida en el magisterio y aislar a los “radicales”.
AMLO sabe que ni siquiera los líderes de la CNTE tienen la capacidad de hacer que sus bases admitan retirar la demanda de abrogación de la reforma, lo que, como él mismo reconoce, resulta inaceptable para el gobierno. Si la CNTE no puede pactar modificaciones a la forma en como Aurelio Nuño está llevando la evaluación y sus consecuencias, así como el golpe al salario por el fin de la carrera magisterial, que es lo que tiene molesto a muchos profesores de todo el país, el SNTE sí. Eso explica su aparición en una insólita negociación paralela a la mesa de Gobernación y que, como vimos, fue saludada por Andrés Manuel. En este esquema, la sobada a la CNTE sería la libertad de sus líderes.
Como ahora vemos, no es sencillo que la coordinadora disminuya sus protestas, pero el intento de AMLOpara que sus aliados incómodos no le sigan cargando costos electorales por los eventos de violencia en sus protestas está más que acreditado. Y todo indica que su causa común con el gobierno no queda ahí. El miedo que comparten a las alianzas amplias también los acerca.
Muchos se han extrañado por la premura del Peje para destapar como candidata de Morena al Estado de México a Delfina Gómez, ex alcaldesa de Texcoco e ilustre desconocida en el resto del estado. Una candidatura gris que manda el mensaje al grupo gobernante del país que en el momento de su mayor debilidad no les va a disputar su principal bastión y garantía de sobrevivencia. Si esa estrategia le sirvió en Veracruz para ser la oposición consentida de Duarte y crecer en votos, se conforma con lo mismo en Edomex. Parece estar anhelando que en 2018 el voto útil de los priistas, que desdeñó en 2006, ahora sí lo favorezca a él en un escenario de posible polarización que relegue al PRI al tercer lugar.
No sería la primera vez que AMLO busca reinventarse. Tras ser conocido por la toma de pozos petroleros fue un dirigente partidario que pudo quitarle la imagen de rijosidad al perredismo y ser un jefe de Gobierno pragmático que se acercó a muchos factores reales de pode. Con la traumática derrota electoral del 2006 cerró Reforma, se proclamó presidente legítimo y busco impedir la toma de posesión de Felipe Calderón y luego forzarlo a renunciar; pero luego inventó la “República Amorosa”, “perdonó” a sus adversarios y llamo al “acuerdo nacional”. Así que no nos debe extrañar que después de mandar al “muro de la ignominia” y al “basurero de la historia” a los perredistas que “sirven a la mafia en el poder”, ahora busque su apoyo y en lugar de exigir la renuncia del presidente y su gabinete reivindique la reconciliación y la “vía del amor” para cambiar el país.
Por supuesto, alguien se preguntará si la bipolaridad de López Obrador con sus bandazos y posicionamientos en zigzag es capaz de generar confianza. En otras ocasiones le ha funcionado y al régimen le conviene fortalecerlo frente a la amenaza mayor de las alianzas amplias que podrían llevarlos a perder el Estado de México. Finalmente, AMLO no sería el único político que logra encumbrarse gracias a la desmemoria.
Publicado originalmente en: adelamicha.com
